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A la hora de buscar la caja de cartón o el embalaje perfecto, lo primero que tenemos que hacer es dejar claras cuáles son nuestras necesidades y, a partir de ahí, empezar a buscar aquella caja que mejor se adapta a lo que estamos buscando.

En el caso de que tengamos un presupuesto limitado, el siguiente paso será definirlo para saber a qué tipos de cajas de cartón optamos. Una vez sepamos cuántas cajas necesitamos y qué presupuesto tenemos podremos calcular el precio por unidad que podremos asumir.

En este punto es importante recordar que, cuantas más unidades compremos, más económicas saldrán la unidades, por lo que si vamos a tener que seguir utilizándolas y tenemos capacidad de almacenaje será interesante aprovechar cada pedido para sacar el máximo partido a cada céntimo invertido.

Será después cuando, sabedores de las necesidades que tenemos, el presupuesto y el espacio de almacenaje, estudiemos el tipo de objeto y el tamaño que deseamos embalar para afinar al máximo en el tipo de caja que adquiriremos. Antes de tomar la decisión final debemos conocer los siguientes puntos:

Características de las cajas de cartón

-El tamaño de la caja y su capacidad, que sabremos calculando el largo por el ancho por el alto.
-Resistencia del material y la capacidad de almacenaje que ofrece su estructura
-Fragilidad de lo que vamos a embalar
-Aspecto de la caja
-Tacto del paquete
-Cómo vamos a embalar y desembalar

Tamaño:

Es imprescindible conocer el tamaño de la caja para saber si es apta o no para embalar nuestro objeto. Si solo vamos a embalar un objeto será sencillo. Con medirlo y hacer lo propio con la caja sabremos si entra o no. En el caso de que vayamos a introducir distintos objetos en la caja deberemos realizar una prueba fuera de la caja apilándolos una vez envueltos y calculando la fragilidad de estos para conocer cuántos podremos introducir en nuestra caja.

Resistencia:

En función del uso que vayamos a dar a cada caja, si la vamos a entregar nosotros o si va a viajar en avión, va a ser transportada con palés, se va a apilar, tiene un peso u otro y la resistencia del producto que contiene pensaremos en una caja más o menos resistente, así como en un posible refuerzo interno. Si solo son cajas para almacenar con asegurarnos de que se pueden apilar y el material soporta el peso que vamos a introducir será suficiente.

Cabe destacar que las cajas que hacemos servir para realizar envíos a través de terceros sufren excesivos traumas durante la recogida, el transporte y el reparto, ya que van apiladas y a menudo se exponen a caídas de más de un metro, que es la distancia que hay entre el maletero y el suelo de la furgoneta.

Fragilidad:

El punto anterior nos lleva a este. Contar con un cartón grueso, con protección interna capaz de absorber impactos es imprescindible si vamos a poner nuestra caja en manos de terceros y esta necesita un cuidado especial como sucede con los materiales frágiles. En estos casos adquiriremos una caja especial para este tipo de transportes con diseños en los que se deje claro que se trata de un objeto frágil, informando debidamente a la empresa que lo transporta y al propio transportista.

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